LA DERECHA AUTOEVOLUTIVA



Por fin la raza humana se ha hecho merecedora de la seguridad y el afianzamiento biológico definitivos, más allá de toda objeción, discrepancia o duda de signo político. La raza humana ha triunfado porque lo ha hecho la Derecha. De inspiración sin duda divina, prosigue su expansión sin tregua, ampliando su área de influencia, globalizándose y asentándose majestuosamente a fuego y muerte por todo el orbe. La flamante Nueva Derecha se autooriginó a partir de la II Guerra Mundial, conoció su apoteosis con la Caída del Muro de Berlín, y hoy mismo sigue viento en popa a punto de lograr su objetivo final: la hegemonía universal, la entronización definitiva del darwinismo social y la selección natural. En países como España, ha aprendido a sofisticar su estrategia, de forma inopinada hace solo unas décadas, reforzando sus antaño troglodita discurso y maneras mediante la asunción de nuevos argumentos políticos, intelectuales y científicos de necesaria aplicación a efectos de manipulación informativa. No olvidemos que solo la Derecha, y quienes la sustentan entre las filas de la Izquierda, tienen acceso directo a las verdaderas fuentes de información, información que debe ser tergiversada minuto a minuto. En su afán de perfeccionamiento, la Derecha ha aprendido incluso a desdoblarse (¡puro maquiavelismo!) en otro partido de ideología aparentemente vecina aunque menos extremista (Ciudadanos), y esto sin perder un ápice de radicalización con arreglo a sus principios fundamentales paleoliberales. Ha llegado incluso, de manera por demás inverosímil pero aplastante, a hacer recaer sobre la supuesta oposición política la culpa de sus propios (de la derecha) cohechos, abusos y corruptelas de todo tipo. Yo cometo la pifia y soy tan listo que me la pagas tú, so imbécil, comprado.


Más sesgada, pues, y larvadamente (siempre esa primaria connotación biológica) que el nazismo y los fascismos tradicionales, pero como ellos fundando su poder en las clases más desfavorecidas e incultas, las que ellos (ya desde la época de los faraones y la Roma imperial, hasta la alta nobleza monárquica y el nazismo) denominan y han denominado siempre, con pérfido desprecio suficiente, “plebe”, “chusma”, “morralla”, ganan una elección tras otra. Y, la inspiración, lo que siempre alienta en el fondo, no cabe duda alguna, hay que insistir en ello, es el darwinismo social neoconservador. Por dicho motivo, es imperativo para ellos defenderse a toda costa del proyecto de rebelión, ya sea ridículo, ilusorio, pero siempre posible, por parte de esa misma plebe que les vota, y si es necesario conducirla a su miniaturización humana, social y económica final; para qué vamos a engañarnos, hasta su exterminio efectivo (allá donde no sea imperativamente necesaria su fuerza de trabajo), pues qué sentido puede tener la enanidad cotidiana pisoteable para quien, por pura genética depauperada, no ha podido llegar a ser un gigante, un superhombre, un titán de la economía y las finanzas, de la ultravida prometida.

Esto lo saben muy bien los científicos a los que pagan su información privilegiada, entre ellos los demógrafos. Nadie habla de esto, pero de todos es sabido que pronto, si es que no sobran ya, muy, muy pronto, por motivos más que obvios, van a sobrar varios miles de millones de personas en el mundo, y especialmente aquellas de entre los más humildes que estudian con encono en las universidades para crecer, defensivamente, en la escala social; cuidado en especial con estos: la prueba más clara, en la España aludida, los malditos arribistas de Podemos, liderados por intelectuales y universitarios de altura que, nadie sabe cómo, han llegado a posicionarse como la pesadilla viva de la Derecha. Pero, si la demografía disparada acecha (¡ay, es ley de vida!), se hace necesario inventar nuevos métodos para seguir engañando a los ignorantes, como en tiempos se practicaba a las mil maravillas en el Nodo. De tal modo que, por ejemplo en el susodicho país, el mensaje subliminal más repetido y contundente es que la juventud se deje de libros y zarandajas podemitoides y se dedique en exclusiva a la hostelería y a buscarse un futuro imitando a cantantes famosos, nunca a médicos o ingenieros, que pertenecen a otra casta y otra alcurnia.


A fin del amejoramiento irreversible de la raza se hace necesario divulgar a muerte estos mensajes ya tan machacones y reabsorbidos que hace tiempo que pasaron a ser semi-subliminales y acaban ya en aplastantemente manifiestos: por qué no, si ya apenas nadie se cuida ni percata del manejo. Como era de rigor, la Nueva Derecha, apoyada por sus múltiples socios de todo el espectro político, ha encontrado finalmente en la impunidad y el cinismo el arma decisiva. Esto ya hay que aplaudirlo: ninguna dictadura anterior había alcanzado tal nivel de sofisticación. Si la democracia, la ley, la justicia están con ellos, son de ellos, al pueblo no le queda otra que el voto al verdugo. ¿Queda claro?: vote lo que vote, estará votando al masacrador clasista. Mmm, ¿quién defenderá ya a los incautos votantes, quién informará al pueblo de este manejo abominable, o solo lo sugerirá, lo que ya sería de agradecer? La televisión hace mucho que está en sus manos; siempre lo ha estado desde luego en dicho país, pero además era perentorio comprar los principales medios de tergiversa-información, como el otrora izquierdista El País. Como decíamos al principio, para cumplir objetivos, para hacer tolerable del todo para el pueblo la impunidad y el cinismo, es obligatorio el blindaje informativo. Un ejemplo muy sutil. La Derecha no puede ser ajena al desastre climático que se avecina. Pero es algo que a ella le importa un comino. ¿Detener el progreso? Hay que seguir haciendo negocios con el petróleo y la devastación medioambiental del planeta. Cuando llegue el Sol de Verdad nos pillara acorazados. Hay que seguir blindándose de dólares, lanzando constantes brindis al sol ecológico, a costa de lo que sea. La recompensa es nuestra, es puramente biológica, el triunfo hereditario, la línea genealógica, la posteridad… ¿acaso celestial?... La filosofía de fondo: solo puede quedar uno, como en las Sagradas Escrituras. Uno, como el Dios único; un grupo selecto, un puñado de bienaventurados, los Elegidos, siempre ellos, los mismos, los de siempre, ¿quiénes si no? Un escogídisimo tanto por ciento de la humanidad, tanto más selecto cuanto más alto en la escala del progreso, de la evolución (que son lo mismo); de la selección de la especie, de la riqueza (que son lo mismo)…


Hablamos de selección natural, y como esta no ha tenido tiempo de completarse y a los elegidos parece que les han metido un petardo por el culo, estos mismos elegidos se están encargando de acelerarla, dicha selección. Todo abuso, todo manejo, todo engaño, toda corruptela, toda merienda de negros están justificados a tal fin. ¡Por el Imperio hacia Dios! Por su propio esfuerzo se han hecho merecedores de la Inteligencia Suprema: la única protección efectiva contra la desazón de la simple existencia mediocre sigue y seguirá siendo siempre el fijarse en el más allá, en la proyección de infinito, en la trascendencia, y esta solo admite encarnarse aquí en la tierra en la brillantez, el lujo, la opulencia, en la riqueza económica. ¡El paraíso solo se imagina repleto de esplendorosa luz, nunca de menesterosa tiniebla! Solo los ricos son eternos (ya en vida; luego, Dios dirá). Es decir, la Derecha contemporánea... ¡uf, autoevoluciona! Casi podría decirse que esa trascendencia ya ni siquiera nos exige la bendición de un Dios. Ha quedado demostrado que está finalmente en manos humanas (antropófagas) adquirirla. ¿Nadie lo había pensado? ¡Nada menos que... la Eternidad inmanente! Estos días aparece en prensa, en una de las fuentes más señaladas y activas de esos mismos medios teledirigidamente untados y corruptos, el siguiente mensaje: “Deja el gimnasio y echa la quiniela: los ricos viven más”. Bueno, se supone que no se ofrece exactamente la eternidad encima de la mano, pero nadie negará que 15 años son 15 años, 15 años de ventaja, de superioridad, de gloriosa plusvalía, ya sea sangrienta, sobre el común de los mortales…

El parasitismo, la amoralidad, la psicopatía / la biología, la ética, la psiquiatría, quizá sean más concomitantes en su acaecer y en su estudio de lo que comúnmente se cree y estudia. Los derechosos harán siempre todo lo humanamente, o más bien, zoológicamente (seguimos con las connotaciones genético-biológicas) posible para llevarse el gato al agua, para preservarse ellos y a sus parentelas y a sus sagrados privilegios heredados según la ley de Dios y del hombre, por los siglos de los siglos, amén.

Dijo el sabio sobre dicho hombre, genéricamente, sin especificar ideologías (lo que hace pensar en toda esa mezquina Izquierda suciamente domesticada por su rival ideológico), dijo:

«Todo obstáculo que se alza entre su egoísmo y sus concupiscencias excita su mal humor, su cólera, su odio; es un enemigo a quien hay que aplastar. Quisiera en lo posible gozar de todo, poseerlo todo, y cuando no, querría por lo menos dominarlo todo. ‘Todo para mí, nada para los demás’, es su divisa».

Y dijo también:

«El egoísmo es colosal, no cabe en el universo. Si se diese a elegir a cada uno entre el anonadamiento del universo y su propia perdición, no necesito decir cuál sería su respuesta».


© José L. Fernández Arellano, 1/6/17.
 



SHIT HAPPENS!

Trump perdió en todas las ciudades de más de un millón de habitantes.
(leído en la prensa)

 
A qué debe uno atenerse ya en política y en democracia, cuando ve que el Reino Unido sale por propia iniciativa de Europa; que en España el partido más votado, una y otra vez, es el más ultraderechista y el más corrupto y facineroso de esa misma Europa; que en los EEUU gana las elecciones presidenciales un espeluznante payaso analfabeto (en mi vida he visto político más parecido a un engendro ligottiano que este ser), embustero patológico, racista y maltratador de mujeres… Bueno, Borges afirmaba que la democracia no representa más que un abuso de las estadísticas. ¿Defendía entonces el genio argentino las dictaduras...? ¡Por el amor de Dios, es de suponer que no! Querría decir que la democracia, como todo, tiene, pues... sus gajes.


Estos derroteros literarios, sin embargo, no parecen productivos para el caso que nos ocupa. No divaguemos. Volvamos atrás, al meollo, al origen. A la toma de decisión. Empecemos preguntándonos en qué piensa la gente, en general, en bruto, en masa, pero, veamos, sin restringirnos a cuestiones políticas; qué piensa y no solo cuando acude a votar. ¿Es que acaso “no piensa”, en relación al uso idóneo de aquello que se conoce comúnmente como “raciocinio”? Pero, un momento; no pretendamos un elitismo intelectivo, una iluminación democrática que ni nos refleja ni poseemos; no nos queramos garantes únicos, ni siquiera aproximados, de la Razón y de la justicia social. Eso de nada nos vale ni valdría. La gente sí que lo hace, pensar, claro está, en general, qué demonios, cómo no, pero bueno, es de suponer que unos pensarán... más que otros. Y estos otros quizá el tiempo que deberían emplear en pensar, en meditar a fondo sobre los temas de su incumbencia (a fondo y no como quien no quiere la cosa), lo pasan, como quien no quiere la cosa, delante de la televisión, pero, ay, quizá no de cualquier televisión. Es un supuesto, si bien cargado de verosimilitud. Grosso modo, visto lo visto, serían las televisiones al estilo de la inefable Tele 5 del mundo entero (calculemos así a voleo que más del 90% del total de las mismas), las responsables últimas de tanto absurdo y sinrazón democráticos, que no la propia democracia (la ideal, en sentido platónico). ¿Es esto posible, por tanto? ¿De verdad?... Menos mal. Sí, menos mal. ¡Estaríamos ante un problema cultural, pues, no estrictamente democrático! Seamos sensatos: sería absurdo pretender que el pueblo llano, a menudo tan injustamente denostado, votase siempre lo más conveniente para él, para sus verdaderos intereses, dado que estos últimos se hallarían precisamente oprimidos, hasta corrompidos por el miedo, es decir, desplazados, enmascarados por intereses ajenos, o, sin necesidad de ponernos tan tétricos, esos intereses populares legítimos se verían simple, vilmente mediatizados por los, en efecto, mass media.

Qué gran verdad la de que no hay nada más tonto que un obrero de derechas. Decía siempre a propósito el gran Forrest Gump: Shit happens! Y sin duda tenía más razón que un santo; tenía más razón el pobre que todas las élites intelectuales que conocen en su exacta y aséptica medida el interés de los pueblos, y que todos los pueblos con sus respectivas facciones de votantes, más razón Forrest que todos ellos juntos.




© J. L. Fernández, 9/11/2016

EL QUE VOTA A UN LADRÓN, ¿TIENE 100 AÑOS DE PERDÓN?



Repite a menudo el conocido presentador Gran Wyoming en sus apariciones televisivas que España es el único país del mundo en el que, existiendo un amplio sector de población de ideología de extrema derecha, no hay partido político que la represente en su parlamento. Añade siempre el periodista de La Sexta que dicha representación, sin embargo, sería tautológica (dícese de la repetición innecesaria de lo mismo), dado que ya existe de hecho: la extrema derecha, heredera directa del franquismo, se ha adueñado por entero del Partido Popular, y por tanto cuando este gobierna, gobierna la extrema derecha franquista. No hay más que echar un vistazo a sus impresentables políticas, a sus monigóticos líderes de corbata y cuello duro, a sus maneras prehistóricas de proceder en general, de gobernar, pensar, argumentar, expresarse, a sus prepotencias dictatoriales y abusos parlamentarios y de todo tipo. Qué ha pasado en este país en estos últimos años. Qué políticas se nos han impuesto. Sencillamente las mismas que cuando Franco, solo que, por el hecho de hallarnos (solo por este hecho) acogidos a la UE, ésta ha exigido, ya sea secreta, sigilosamente, que, al menos, por el bien de la democracia comunitaria, salga de una vez a la luz tanta aberración política, económica y administrativa.



El que tenga memoria histórica, recuerde: los mismos despotismos e injusticias en todos los ámbitos, los mismos indignos privilegios hasta la muerte, la misma corrupción y latrocinio generalizados por parte de jerifaltes, clientela y amiguetes de la clase social o del partido. En efecto, Wyoming, no vas descaminado: los mismos perros, los mismos fachas, pero con distintos collares. Esas mismas tropelías que hace 40 años apenas encontraban algún fallo en el sistema de propaganda fascista para salir a la luz (insisto, porque aún no estábamos en Europa) llevan ahora por título: caso Gürtel, caso Bárcenas, caso Rato, caso Pujol, caso preferentes, caso empresas eléctricas, caso despilfarro en aeropuertos, autopistas y estaciones de tren inútiles, caso puertas giratorias, etc., etc., etc. Todo ello, con la carga de repugnante impunidad inherente, se registra en un contexto de paro generalizado, pobreza galopante, de recortes en pensiones y servicios sociales, de desahucios, de empleos basura, quiebras de pequeñas y medianas empresas, etc., etc., etc.


Pedíamos, exigíamos hace poco, exactamente el día antes de las elecciones del 20D, que tales desmanes y meriendas de negros no se olvidasen NUNCA, porque, ya se sabe, el que olvida los desmanes y horrores de la historia está condenado a revivirlos. Ahora, dos días después de las elecciones, mucho nos tememos que no solo dichos horrores se han olvidado, sino que ni siquiera fueron percibidos en su momento como tales.


¿Cómo es posible, cómo puede explicarse, en qué cabeza cabe, por todos los cielos, que el partido más votado haya sido el más corrupto, el más clasista, el más franquista, el que más y mejor se ha llenado los bolsillos y ha vaciado los del pueblo? El votante del PP, ¿ha votado también por el paro millonario, el despilfarro en políticos y coches oficiales, por la corrupción generalizada, los recortes en las pensiones, las comisiones ilegales, la malversación en obras públicas inútiles, los suicidios de desahuciados, la Justicia amiguista y partidista?… El votante del PP, ¿con su voto ha pedido prolongar el poder de su partido hasta el infinito (la ruina del Estado) y también el perdón para Rato, Blesa, Bárcenas y jefes de Bárcenas, para la familia Pujol; ha votado por más recortes, por más subidas desproporcionadas de la electricidad, y de esto y lo otro? ¿Ha votado, ya de paso, por más sintecho muertos de frío bajo los puentes, por más frío en las casas de los humildes? De modo que la pregunta definitiva es: el votante del PP, si no ha votado a esto, ¿a qué demonios ha votado? ¿Y el del PSOE? O, perdón, Pablo, ¿debo decir PPSOE? El votante del pájaro de cuenta derechista, ¿ha votado acaso porque se llenen más aún los bolsillos de los millonarios, que no los suyos? ¿Tantos recursos les sobran a las clases medias y bajas para regalar de este modo el voto al enemigo social? Porque, amigos, que yo sepa no hay tantos millonarios en el país como para justificar tan demencial aluvión de votos al PP, visto lo visto.


Dadá vive. La Casta, y Franco, y la ignorancia y la estulticia popular que desarrollaron pacientemente y con mano de hierro a lo largo de 40 años en España, viven. Y olé.


Addenda: ¡Uy!, en línea con lo anterior, un alumno por demás díscolo e inquisitivo, probablemente de izquierdas, acaba de hacerme tres preguntas por Messenger, que yo, pese a cierta cultura general de que disfruto, no he sabido responderle así de pronto; preguntas que uno juzgaría, en fin, algo capciosas. 1ª: ¿Existe lo que algunos malpensados denominan “lobotomía televisiva” o, por poner un ejemplo, “Telecinco-visiva”? 2ª: ¿Podría Vd. definirme sustanciosa y exactamente el término “zombi-voto”? Y 3ª: ¿No será el fin último de toda democracia la instauración de la justicia social en todos los ámbitos, y esta, asimismo, no se basa, en primerísimo lugar, en la recta y honesta y resplandeciente de equidad administración de los caudales, precisamente, públicos, que no privados?
 




© José L. Fernández Arellano, 22 dic. 2015