ANOTACIONES TEMPESTIVAS (1999)



« El crítico hace ciencia con lo sagrado. Por tal motivo, si no pone la fe (el saber) suficiente, es fácil que se equivoque. »



« La Historia es esa disciplina que estudia un fenómeno, el tiempo, pero solo a través de sus agentes, es decir, no el tiempo, sino una sección parcial del mismo. Y, lógicamente, debería estudiar el pasado tanto como el futuro. A qué esa perspectiva de tortícolis. No tiene sentido. El historiador clásico es la mujer de Lot. […] Bien, osemos airear la Historia de una vez: qué sabemos del futuro. Una cosa sabemos: que se cumplirá. Otra, que está fundido indisolublemente con el presente, y también con el pasado. Que cuenta, así, con antecedentes. Que tales antecedentes son demasiado abundantes, interrelacionados y complejos como para que su configuración sea predecible al completo. Que contendrá un hecho y un momento crucial para nosotros: nuestra muerte. Se puede seguir así y, paso a paso, se acaba prediciendo el futuro. »



« Considérese la segunda acepción de soberbia que recoge el diccionario: Apetito desordenado de ser preferido a otros. Mm, no debe haber nada más dañino que un soberbio que fracasa. La soberbia no transmite a la vez la voluntad necesaria de adornarse de realidad. Esto la convierte también en sinónimo de estupidez. »



« No es que el presente sea eterno para el redactor-revisador de diarios. Eso solo sería expresable, o presentable, por medios poéticos, o mediante una redacción seria y cuidada. No eterno, sino pantanoso. No eterno, sino incalculable, sin límites ni bordes, sin antes ni después, sin transición entre ellos, ni la que figuraría el vuelo de una mosca. Nada lo refleja mejor, ese estancamiento (esta mañana lo pensé ocioso ante el escritorio), que un discurso caótico, derramándose en las horas concéntricas de la tarde, como al caer una piedra en medio de un estanque (una piedrecita casual, una hoja de árbol, una cagadita de pato, en cualquier zona del mismo, cualquiera, da igual, al este, al oeste, no existe la orientación, no hay sol ni luna ni estrellas que te refieran). Sí. Siempre la misma casualidad. Y lo peor: siempre el mismo estanque. Y despertarse de lo inanimado irregulares líneas, más que concéntricas, espirales, discurso desmadejado de idiota, y tampoco centrífugo: centrípeto, frases en la página, ondas en el agua a las que una estúpida maldición ha impreso el juego y el destino contrario a aquel para el que fueron diseñadas: el de la peonza (trompo sin vida y sin muerte, pensante giroscopio), pánico Yogh-Sothot muriéndose de risa autorreferente, monstruo sin vida y sin muerte, desgastado y desgastante hasta la vaciedad, hasta el plácido, inane infierno soñado: la mediocridad contenta y cálidamente entrañada en sí misma. Pero ¿es que acaso hubo un antes de esto? Claro que podemos explicar perfectamente la metáfora de Eliot. Pero para nosotros en realidad no hay estanque que valga. Miento. Lo del agua, aunque pantanosa, es una licencia poética, queda más lucido; el agua, aunque sea estancada, barro resbaladizo, una falda de vegetación pútrida rodeándonos...

Eso es retórica otra vez. Lo tuyo es más bien una llanura, sí, de bordes remotos, y como era de esperar, desierta y estéril, aunque a rachas poblada, sí, del canto atrayente de bobas sirenas fantasmales, como tampoco podía ser menos. A lo lejos merodea un chacal, aquí cerca salta una rata de campo, se arrastra una serpiente ahí entre las piedras. Inofensivos. Todo es polvo, ceniza, oscuridad, cielo vacuo y opresivo. Esta es tu alma ante el papel a veces, Mancha de proceloso egoísmo telescópico que, devorándose a sí misma (por devorar ha devorado todo tiempo aparente, toda memoria, toda esperanza; en lo ilimitado se disipan confundidos Dios y sentido), ha acabado reducida al polvo insustancial de sus propias deyecciones ya resecas, hacia las cuales de tarde en tarde alarga con sórdido regusto el hocico. Eso, eso es lo que cae aquí y allá, sin orden ni concierto, de vez en cuando. Chof, chof, chof... »



« Y decía también que lo que yo parezco pergeñar a veces es una suerte de contrarreivindicación del tímido, como la que se sugiere en gente más bien apocada, como los existencialistas, Sábato y tal. De esa manera estás buscándoles a los tímidos todavía más vueltas de las que de por sí les busca la puñetera vida. Y tampoco es para ensañarse, ¿no? »



« ...este cuaderno de pastas azules, hojas, hojas y más hojas de espuma, mal en disolución: disoluto, degradado, mar cuyas olas se eternizan batiendo cansinas unas sobre otras, en todas direcciones, sin objeto ni sentido, llevadas y amasadas por la marea, entre viento y gravedad e influjo lunar, eternamente a la deriva, unas sobre otras enredadas, unas tras otras, frases escritas al azar, sin importancia, sin trascendencia, sin sentido, llenas y vacías de agua y espuma, de palabras, incoloras, insípidas, ritmo y letanía carentes de sentido, de forma y de sustancia, en secuencia interminable. Unas sobre otras, unas tras otras, unas sobre otras, hasta el fin de los tiempos. Desde el fin de los tiempos derivo en mi pasado, o derivo en mi futuro: en mi presente. El tiempo en mí me olvida de mí mismo, y sin rumbo en el tiempo me disperso en la corriente, diluido en las ondas incesantes que mi cuerpo acarician y conforman, mi mente, mi soma espiritual, entidad, conciencia líquida expandiéndose arriba y abajo, a babor y estribor, ayer, hoy y mañana. Como a un triste ahogado las aguas me sostienen, me impulsan, me disipan, me hunden en las profundidades, me vuelven a elevar, haciéndome rodar sobre mí mismo, me arrastran en su flujo sin destino, circularmente, atrás, adelante, al este, al oeste, yo, pacífica brújula enloquecida. Yo soy el oleaje, yo soy el agua, yo soy el mar, yo el ahogado y el madero y el texto a la deriva, y yo también la brújula central. El mar y la brújula, ya apenas imantada. » (Texto que resurge en El espectro visible.)


© José L. Fernández Arellano, 12 de febrero – 4 de noviembre de 1999

IMPRESIONISMO Y EXPRESIONISMO ROMÁNTICOS: "MR. TURNER", DE MIKE LEIGH



¿Qué es lo mejor o más destacable de Mr. Turner, de Mike Leigh; acaso la ambientación, la belleza visual, la iluminación portentosa (por su “naturalidad” me recordaba mucho el Barry Lyndon, de Kubrick), el atrezo quizá, o la música exquisita, o el prodigio de concisión y modulación expresiva en los diálogos, o tal vez el montaje, la dirección de actores, el mero casting…? Imposible determinarlo. Enfoquémoslo, pues, de otra forma, drásticamente: ¿Va el arte dramático británico camino de sustituir a la realidad social viva por obra de su asombrosa fuerza estética y técnica? ¿Cómo es posible que los actores de dicha nacionalidad interpreten sus personajes cada vez, cada año, cada film o drama, “mejor”?



Esto es lo que se me ocurrió pensar casi al final de la película, cuando apareció en escena el enésimo monstruo de significatividad y dicción: ‘el fotógrafo’. Pero su figura no hizo sino confirmar lo que ya habíamos advertido en el actor que hacía del joven John Ruskin, en las tres mujeres del pintor, las tres de persignarse; en el simple y breve médico… Por no hablar del protagonista, el genio, ¡Turner!, incorporado por el brutal, en todos los sentidos, Timothy Spall. El arte, el hombre, el artista, el escritor (Turner y Ruskin) expuestos en toda su gruñona o pedantesca, en cada caso, miseria humana, envuelta para regalo en una esplendorosa costra de sublimidad, con la omnipresente carga dickensiana (gruñona, ya digo, y retorcedora de manos...) de fondo.

En fin, obra maestra imprescindible, en especial para aquellos que, cuando van al cine, disfrutan sobre todo con las evoluciones vocales, faciales y conductuales de tipos dramáticamente tan ramplones como, bueno, Anthony Hopkins, Kevin Spacey, Gary Oldman... Y a partir de ahora, Timothy Spall.

© José L. Fernández Arellano, enero 2015

TRES POEMAS TEMPORALES





UNA ALTERACION en el paisaje turbio

fisura melancólica
por donde algo en la memoria
se me escapa y me busca

antigua pieza de lejanía nerviosa
que no halla asiento en mi pupila
ni alcanzo a comprender si reconozco

Brisa fresca que sin avisar
me rodea como sombra y me señala
ubicándome

Rumor fatigado de pinos
grieta lateral
veladura verdinegra

Fragmento reencarnado de algún Corot
sereno bosquecillo húmedo de lluvia
y desnudo de tiempo

mientras las nubes
alguien que fui yo
cree que sisean maliciosas

nos vamos y nos quedamos
nos vamos y nos quedamos
nos vamos y nos quedamos







Amo las alamedas de árboles
            encorvados y sombríos
(Coelho Pacheco)

TAN REALES como irreales,
los parques recónditos y aislados
y las ensoñaciones juveniles
en que aún se asientan tantas veces,
aunque ya no atraviese sus susurros
entrañables ni sus sombras amadas
aquel paseante taciturno, que hallaba
alivio a su abstraído desasosiego
en tales árboles encorvados y sombríos.

Es ahora otra soledad de la mirada
la que puebla esta soledad,
espacio no tan íntimamente hermoso,
no tan secretamente vasto y gozoso
cuanto inerte, porque las horas
poco a poco van olvidando la herencia
de aquellas otras horas solitarias,
y van aposentándose, una a una,
en sus dignidades ya definitivas.







MUY RECONOCIBLE
la inocente amenaza del día
en el cuarto crece y se remansa

Llueve sobre mojado
esta tarde inscrita en el centro
de las últimas tardes

Lluvia que girando no decora
fantasía alguna

Tiempo que se alarma casi reversible
haciendo guiños vanidosos
al fetiche absurdo del silencio

A cada movimiento
y a cada movimiento de conciencia
ésta bromea entrecortadamente
solo con el rastro que de inverosímil
va quedando en los objetos
la mesa la ventana

Nada es igual
nada ha cambiado
si pretendes discurrir versiones
novedosas del propio
incierto atónito protagonismo

Y así continúas quieto
al levantarte
quieto al aplicarte por fin a otras tareas
siempre como bajo el peso
de una duda antigua y aburrida
que siempre se cree en vano
resuelta y archivada


© José L. Fernández Arellano, 1994