SHIT HAPPENS!

Trump perdió en todas las ciudades de más de un millón de habitantes.
(leído en la prensa)

 
A qué debe uno atenerse ya en política y en democracia, cuando ve que el Reino Unido sale por propia iniciativa de Europa; que en España el partido más votado, una y otra vez, es el más ultraderechista y el más corrupto y facineroso de esa misma Europa; que en los EEUU gana las elecciones presidenciales un espeluznante payaso analfabeto (en mi vida he visto político más parecido a un engendro ligottiano que este ser), embustero patológico, racista y maltratador de mujeres… Bueno, Borges afirmaba que la democracia no representa más que un abuso de las estadísticas. ¿Defendía entonces el genio argentino las dictaduras...? ¡Por el amor de Dios, es de suponer que no! Querría decir que la democracia, como todo, tiene, pues... sus gajes.


Estos derroteros literarios, sin embargo, no parecen productivos para el caso que nos ocupa. No divaguemos. Volvamos atrás, al meollo, al origen. A la toma de decisión. Empecemos preguntándonos en qué piensa la gente, en general, en bruto, en masa, pero, veamos, sin restringirnos a cuestiones políticas; qué piensa y no solo cuando acude a votar. ¿Es que acaso “no piensa”, en relación al uso idóneo de aquello que se conoce comúnmente como “raciocinio”? Pero, un momento; no pretendamos un elitismo intelectivo, una iluminación democrática que ni nos refleja ni poseemos; no nos queramos garantes únicos, ni siquiera aproximados, de la Razón y de la justicia social. Eso de nada nos vale ni valdría. La gente sí que lo hace, pensar, claro está, en general, qué demonios, cómo no, pero bueno, es de suponer que unos pensarán... más que otros. Y estos otros quizá el tiempo que deberían emplear en pensar, en meditar a fondo sobre los temas de su incumbencia (a fondo y no como quien no quiere la cosa), lo pasan, como quien no quiere la cosa, delante de la televisión, pero, ay, quizá no de cualquier televisión. Es un supuesto, si bien cargado de verosimilitud. Grosso modo, visto lo visto, serían las televisiones al estilo de la inefable Tele 5 del mundo entero (calculemos así a voleo que más del 90% del total de las mismas), las responsables últimas de tanto absurdo y sinrazón democráticos, que no la propia democracia (la ideal, en sentido platónico). ¿Es esto posible, por tanto? ¿De verdad?... Menos mal. Sí, menos mal. ¡Estaríamos ante un problema cultural, pues, no estrictamente democrático! Seamos sensatos: sería absurdo pretender que el pueblo llano, a menudo tan injustamente denostado, votase siempre lo más conveniente para él, para sus verdaderos intereses, dado que estos últimos se hallarían precisamente oprimidos, hasta corrompidos por el miedo, es decir, desplazados, enmascarados por intereses ajenos, o, sin necesidad de ponernos tan tétricos, esos intereses populares legítimos se verían simple, vilmente mediatizados por los, en efecto, mass media.

Qué gran verdad la de que no hay nada más tonto que un obrero de derechas. Decía siempre a propósito el gran Forrest Gump: Shit happens! Y sin duda tenía más razón que un santo; tenía más razón el pobre que todas las élites intelectuales que conocen en su exacta y aséptica medida el interés de los pueblos, y que todos los pueblos con sus respectivas facciones de votantes, más razón Forrest que todos ellos juntos.




© J. L. Fernández, 9/11/2016