EL BIENESTAR DE LA DERECHA



¿Por qué motivo los Poderosos, “la Casta” que dicen los chicos de Podemos, no estarían a gusto si un día llegase a implantarse de verdad el llamado estado del bienestar, un modelo económico socialmente justo y equitativo? No creo ser el primero en entender en su exacta medida su reticencia, el motivo de tantas trabas como últimamente están poniendo estos señores a su materialización. Esa prosperidad general (que lo queramos o no siempre será relativa), esos avances, aunque a trompicones, en campos como la seguridad social, la sanidad, los servicios sociales y la educación; esa facilidad de acceso cada vez mayor a la cultura y a la formación universitaria; ese gran logro histórico, muy especialmente, consistente en que los chicos y chicas de estratos sociales cada vez más amplios vean por fin la puerta abierta a los estudios universitarios más exigentes y socialmente valorados, Derecho, Medicina, Económicas, ingenierías, etc., y con ello piensen aliviados en dejar atrás de forma definitiva, para ellos y sus familias y descendientes, la explotación laboral, la precariedad y la miseria.


No, eso no les va ni un pelo a los gurús y demiurgos de la fe neoconservadora. Es sencillo. Dígamoslo una y mil veces: a ellos no les va más que una cosa: la mano de obra barata y poco cualificada, el operario, el campesino y el obrero dóciles y sumisos. Se pirran por el esclavo a sueldo que, ante el abuso, no sabe ni rechistar ni tiene quien rechiste por él. ¿Por qué será? Muy fácil. ¡Porque no todos Podemos vivir holgadamente! ¡Es imposible! ¡Solo pueden vivir holgadamente unos pocos, los Elegidos! ¡No todos Podemos ser universitarios y ocupar puestos de importancia y responsabilidad en la sociedad, por el amor de Dios! ¡En qué cabeza cabe! ¡De todo ha de haber en la viña del Señor! ¡Anda que, si todos aprendemos a hacer valer nuestros derechos en plano de igualdad! ¡El bienestar de algunos precisa, por norma e imperativo legal, acaparar mucho más recursos que el de otros! ¿Tan difícil es esto de entender, que el reparto equitativo de la riqueza en bien de la mayoría, necesariamente, contablemente, recorta las ventajas y privilegios de la minoría pudiente? ¡Es de sentido común!

Esto es lo único que entiende la derecha por bienestar social. ¿Cómo va a tener aprecio alguno la Casta por las clases emergentes, por facilitar su desarrollo y beneficios sociales? En especial cuando han tenido acceso a la universidad, dichas clases tienden con demasiada facilidad a afectarse por el grano en el culo, por la tonta incomodidad, la crítica y la protesta reivindicativa; a dar por saco, en una palabra. Por este motivo, los únicos sindicatos que deja prosperar la Casta son los sindicatos domesticados, el vil amarillismo representativo. El trabajador, cuanto más teledirigido, mejor trabajador y mejor persona, ya te digo.

Más claro, el agua: nada de permeabilidad, nada de intercambio, ni pensar en el reparto equitativo de la riqueza; el trasvase, el romance social entre clases dispares no es más que un sueño imposible, burdo romanticismo social caduco y periclitado, bruma pesadillesca engendrada en los más sórdidos tugurios del zombimarxismo ateo. Todo ha de quedar bien estanco, y definido, todo en su sitio. Todo atado y bien atado. Qué bien elegido el nombre para estos mierdosos señoritingos del neoparasitismo liberal a ultranza: viene, en efecto, de las tesis sociales y éticas de corte más avanzado: de la milenaria sociedad de castas orientales. Eso es solera, eso es alcurnia, prestigio histórico, y no el que buscan vergonzantemente, a costa de las arcas públicas, los pobres universitarios de Vallecas y Carabanchel, y andurriales por el estilo.

No solo Dios está tradicionalmente de parte de la Casta. ¡Hasta las deidades orientales los avalan!…

El bienestar social de la derecha no es mi bienestar. ¡Es solo suyo!

Si no nos salva la Izquierda real, sálvese el que pueda.






(J. L. Fernández Arellano, 23 sepbre. 2014)

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