CARTAS QUE NO ME PUBLICÓ "EL PAÍS" (4)


21 de abril de 2010

Sr. Director:

En relación con el ataque informático sufrido por el periodista de El Ideal, de Granada, José María Pérez Zúñiga, por haber expresado su protesta en dicho diario contra el procesamiento del juez Baltasar Garzón, le envío, por si fuera de su interés, mi escrito de adhesión al periodista:




Estimado José María:

Te expreso mi sentida indignación por el atropello que has sufrido, así como mi más firme adhesión a tu postura en el asunto de marras. ¿Garzón sentado en el banquillo por remover delitos de lesa humanidad? Al igual que a ese alto funcionario judicial internacional que recientemente ha expresado su consternación en televisión sobre lo sucedido (no recuerdo su nombre), me parece increíble el bochornoso espectáculo que vuelve a ofrecer la justicia en este país sobre tan delicada materia histórica. Alguien dijo una vez que la justicia en España es un cachondeo, y habría que preguntar a sus actuales responsables si no están contribuyendo precisamente a que la situación se enquiste en ello miserablemente.

No puedo sino adherirme a las declaraciones del secretario general de UGT, Cándido Méndez, hoy mismo (21/04), en TVE: La Ley de Amnistía del 77 se promulgó en época en que las instituciones democráticas españolas estaban aún en pañales (¿no sería más bien que se sentían amenazadas por poderes fácticos de determinado signo que periódicamente, como se ve, vuelven a poner en cuestión, de una u otra forma, impunemente a las instituciones?). Dicha situación de precariedad o amenaza hoy por hoy ya no se da: el sistema democrático se ha consolidado lo suficiente como para que leyes como la citada merezcan un estudio y una reforma a fondo. ¿Quién alberga ya temor alguno a hacerlo? ¿Tienen que ser otra vez los trabajadores españoles, o, si se prefiere, sus representantes sindicales los que tiren del carro de la razón y la justicia? Las responsabilidades de lesa humanidad (consúltese su prescripción en los códigos de justicia internacionales) están y estarán eternamente vigentes, como grabados en metal, para todo aquel que se niegue a cerrar los ojos.

Un abrazo solidario. 

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