CARTAS QUE NO ME PUBLICÓ "EL PAÍS" (3)



[criticando la publicación de un libro de Dumas por El País en que aparecía absurdamente mutilado el relato "Las tumbas de Saint-Denis"]


08 de mayo de 2007

Estimada R. G. [se trata de la persona que respondió a mi consulta con poco o ningún criterio]):

Le agradezco infinitamente una respuesta tan amable y pormenorizada a mi consulta, respuesta que ha superado con mucho mis expectativas, aunque no cabe esperar menos de parte del diario que me acompaña religiosamente casi desde su fundación. Muy reconocido, pues, por su amabilidad; lamento, sin embargo, tener que disentir en redondo de sus razones. Lo hago desde una triple perspectiva, la de cuentista con muchos años de experiencia, la de traductor y, la más respetable de todas, la de lector.

Como cuentista y como lector, prefiero, ni que decir tiene, la versión completa de Les tombeaux de Saint-Denis, en primer lugar, porque, al contrario que ustedes, he encontrado varias ediciones que respetan el contenido original, incluso una vetusta traducción de Bruguera que fue la que levantó la liebre, y ninguna de ellas en modo alguno incomoda, confunde ni llama a engaño ni a mi inteligencia ni a mi sensibilidad lectora. No me considero funcionalista de la cosa, pero afirmo tajantemente que los comentarios entre los personajes, que funcionan, y muy bien, fuera de su contexto. El motivo: ¡en realidad, nunca escaparon de él! La parte suprimida incorpora a la historia una muy efectiva introducción científica o pseudocientífica, que no es imposible que Dumas heredase conscientemente del siempre efectivo Poe. Por otra parte, ¿tienen usted y el Sr. Armiño algo que objetar a los inicios de relato in media res?

En cualquier caso, la deontología como traductor, me impediría cortar por lo sano allí donde no lo hizo el responsable principal del texto. Sencillamente porque así lo dejó escrito el autor, cuyo criterio me imagino que, para todo traductor, debe merecer en todos los casos el mayor de los respetos. En el supuesto de que el lector pudiese llamarse a engaño (tal parece ser el absurdo criterio utilizado) nada más fácil que añadir una pequeña llamada aclaratoria al pie. Insisto, sin embargo: en este caso (el de la versión original), ni siquiera hace falta. La narración, tal cual, se desenvuelve sola a las mil maravillas.

En esas ediciones de Bruguera a que me refiero, v. gr., abundaban las historias extractadas. Eso sí que sería inadmisible, pero al menos, hasta donde a mí se me alcanza, el editor de Bruguera solía reconocerlo expresamente.

Por último, diosanto, como dice Forges; debe usted perdonarme: a quién se le ocurre borrar de un plumazo la frase final de un relato breve. ¡Qué diría Borges! ¡Y O. Henry!

Una última cuestión: ¿este tipo de despiadados tijeretazos se ha repetido a lo largo de la serie?

Un cordial saludo, con la reiteración de mi gratitud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario